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Gestión del cambio, herramienta para una metodología Agile

La gestión del cambio facilita y consigue la implementación exitosa de los procesos de transformación en la organización.

Implica trabajar con las personas en la aceptación y asimilación de los cambios, facilitando la aceptación y asimilación de la nueva forma de trabajo.
La metodología de gestión del cambio desarrolla una serie de etapas. Desde la definición de la visión del cambio hasta su desarrollo y posterior evaluación.

En el post sobre «Agile, la caja de herramientas que aún no se sabe usar» hablábamos de agile como una filosofía de trabajo para la que es necesario asentar unas competencias comunes (herramientas) o lo más afines posible entre todos los integrantes de la empresa:

  • Gestión del cambio
  • Mejora continua
  • Visión win-win
  • Comunicación efectiva

Cuando nos referimos a herramientas, no nos referimos a  Kanban, Scrum… Software para implementar o procedimentar la filosofía agile.

Antes de implementar el software o framework es necesario que todos estemos alineados en “para qué” y que desde un punto de vista personal conozcamos si poseemos o no las competencias necesarias para desenvolvernos y trabajar en un entorno agile.

La gestión del cambio en los entornos de trabajo.

 

Por gestión del cambio entendemos desenvolverse con soltura y agilidad en entornos dinámicos. Asumiendo los cambios, acomodando con facilidad la manera habitual de pensar o actuar y gestionando con eficacia el impacto de estos sobre las personas y el entorno.  

De aquí se desprende algo que hoy en día podemos resumir como “salir de la zona de confort”. Teniendo la capacidad de ser resiliente (aprender de los resultados no esperados) y la capacidad de gestionar nuestros equipos y clientes (entorno de trabajo) estos acontecimientos (rol de líder asertivo).

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Análisis rápido sobre el resultado.

 

Todo pensamiento genera una emoción, un sentimiento (actitud) que nos lleva a actuar siempre de una manera u otra. Como ya sabemos, toda acción tiene un resultado, y este puede ser positivo (entonces seguimos actuando igual) o negativo. Si el resultado que tenemos no es el esperado, entonces habrá que revisar la acción:

  1. ¿La acción es la adecuada? Si es que sí, miraré en la cadena un paso más atrás.
  2. ¿La actitud o sentimiento desde el que actúo es el adecuado? Si la respuesta es positiva, es decir tengo una buena actitud, actúo desde un sentimiento sano, con una intención positiva, tendré que revisar el paso anterior…
  3. Las emociones,  los pensamientos y los valores que generan esa actitud, ¿cuáles son?, ¿son positivos?

Si las respuestas a las preguntas 1 y 2 han sido positivas y la respuesta a la pregunta 3 es, sin duda, negativa. Te invitamos a que dediques unos minutos a hacerte estas preguntas y las respondas desde la honestidad contigo mismo.

  1. ¿Cuál ha sido la última acción que has puesto en marcha TÚ?
  2. ¿Tuvo el resultado que esperabas?
  3. ¿Si no fue así, buscaste otra manera de hacerlo?
  4. Si sigue teniendo el resultado no esperado, piensa ¿Qué te impide ver otras formas de hacerlo? ¿Hay alguna resistencia que tenga que ver con creencias tuyas, o valores que te impidan poner en marcha una acción distinta? Por ejemplo: “no puedo improvisar”, “no quiero arriesgar por no asumir responsabilidades”, “no me veo capaz de asumir algo que no haya planificado”, “lo que no se planifica está abocado al caos”, “no creo que vayan a tener en cuenta mi opinión”, “mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

Ante el cambio en nuestro entorno de trabajo, tendemos a tener dos tipos de pensamiento: vivirlo como un reto, desde la motivación; o vivirlo desde el miedo (como los puntos vistos anteriormente).

Ambas, motivación y miedo son emociones. Una te para (el miedo), la otra te pone en marcha (motivación).

Te invitamos a reflexionar primero sobre uno mismo, qué emoción te guía frente al cambio: ¿La motivación o el miedo?

Si es la motivación, enhorabuena; si es el miedo pregúntate:

  1. ¿Qué estás perdiendo por ese miedo? Puede que hasta tu emoción vital, que viene etimológicamente de “e-motion”, energía en movimiento, motivación, la gasolina para ponerte en marcha.
  2. ¿Qué podrías ganar si apartaras ese miedo, vieras más formas de hacer y te apoyaras en personas de tu equipo que si viven con “e-motion” el cambio?

En el próximo post seguiremos hablando de las herramientas necesarias para vivir en un entorno agile y poniendo en practica reflexiones que te ayuden.

Y no lo olvides,

Da tu primer paso ahora, no es necesario que veas el camino completo. Solo da el primer paso. El resto irá apareciendo a medida que camines.” Martin Luther King
           

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